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Viernes 1 de Abril de 2011 08:18

La tele en el cuarto de los chicos, ¿sí o no?

Dejamos la respuesta en manos de expertos. Aquí, sus opiniones sobre una problemática que puede, en ocasiones, ser motivo de discusión.

La cifra es contundente: en la Argentina, cuatro de cada diez chicos tienen un aparato de TV en su cuarto. Así lo reveló una encuesta realizada por el programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación para entender cómo se dan los consumos y prácticas culturales en los niños y adolescentes de nuestro país. Además, un 75 por ciento de los pequeños consultados respondió que la televisión sería “el medio que más lamentarían perder” si por algún motivo desapareciera.

El fenómeno -que no es nuevo- continúa sin embargo despertando una serie de preguntas que para los padres resultan fundamentales a la hora de disponer la habitación de sus hijos: ¿conviene instalarles allí la tele? ¿a partir de qué edad? ¿y cómo se hace para contrarrestar su avidez por la televisión, máxime si ésta viene fogoneada por sus amigos?

“Los más chiquitos no tienen que tener la tele en su cuarto”, asegura sin titubeos Susana Valleggia, presidente de la asociación civil Nueva Mirada, especializada en cultura, industrias culturales y comunicación. “La televisión condiciona su desarrollo al exigir de ellos una respuesta casi refleja, irreflexiva y para nada analítica. No podemos negar que la pantalla también educa, y lo que hoy está pasando con la televisión es que más que nada fomenta el consumismo, la violencia y los valores del individualismo. Es cierto que la TV forma parte del entorno audiovisual de los chicos, y por eso hay que alfabetizarlos también en ese plano, pero ¿qué posibilidades de control existen si están consumiendo los programas en la soledad de su habitación? Nadie piensa en darle un libro a un chico que no sabe leer. Del mismo modo, es importante enseñar a ver TV”, advierte.

Gonzalo Udaquiola, psicólogo y papá de dos criaturas, sostiene en la misma línea que gracias al color, la música y el movimiento la tele es un foco de atención demasiado potente. “Si ya lo es para los adultos, en el caso de los chicos es mucho más fuerte: cuando hay una tele prendida casi nadie puede mirar para otro lado más allá del interés en lo que se esté viendo, es muy difícil resistirse a la atracción. Por otra parte, las actividades que mejor fomentan el desarrollo en los chicos son el juego y la interacción. Pero la tele, en cambio, no les demanda ningún tipo de creatividad”.

Ahora bien, ¿dónde poner, entonces, el bendito aparato? Según los especialistas, para las familias con hijos chicos lo ideal es tener tanto la tele como la computadora en espacios en los que exista circulación, como podría ser el living o un playroom, aunque al mismo tiempo conviene evitar el lugar en donde padres e hijos se reúnen para comer. “También los chicos viven en sociedad, y por eso la idea tampoco es la de aislarlos prohibiéndoles la TV de plano. Pero sí es importante acompañarlos y darles otras alternativas de entretenimiento”, agrega Udaquiola.

Según Vallegia, no se puede hablar tan fácilmente de una edad a partir de la cual se pueda decir que un chico ya podría tener la tele en su cuarto. “Eso va a depender de cómo sea su personalidad, si hace otras actividades, como jugar al fútbol, o tocar la guitarra, o vuelve de la escuela y se queda frente al televisor hasta la hora de cenar. Hay que tener en cuenta cada caso y, sobre todo, procurar formarlos en su capacidad de apreciación crítica. Pero prohibir sin más suele ser algo muy desagradable”, señala la experta.

En ese sentido, el programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación elaboró una colección de cuadernillos según los cuales existen dos tipos de mediaciones o intervenciones de parte de los padres. Por un lado está la regulación, es decir: las reglas generales sobre los usos que hacen los chicos de la TV en cuanto a la cantidad de horas; el tipo de programas que pueden ver; el momento de visionado (antes o después de la tarea; antes o después de comer; etc.); el lugar (la sala o la habitación) y el contexto (solos o acompañados). “Por lo general -precisa el informe- estos son los temas que con más frecuencia regulan y controlan los adultos respecto de la pantalla”. El segundo tipo de intervención que pueden asumir los adultos es la de participación activa: la decisión de ver programas con los hijos además de dialogar sobre ellos y discutirlos. Esta intervención supone también la recomendación de programas que los adultos consideren interesantes y enriquecedores.

“Las dos dimensiones no son excluyentes: regulación y participación no se oponen. Es ciertamente posible que una familia decida construir reglas para el uso que los chicos hacen de la televisión y además, promover el visionado compartido con sus hijos”, indica también el trabajo elaborado por los especialistas Roxana Morduchowicz, Atilio Marcon y Vanina Sylvestre. “Sin embargo -añaden- en todo el mundo se ha comprobado que los adultos tienden con más frecuencia a imponer reglas sobre el uso de la televisión (qué ven, cuándo y cuántas horas) que a compartir programas junto a los pequeños”.

Lo que es claro, en todo caso, es que los chicos ven más televisión al estar solos que cuando se encuentran acompañados. Y esa es otra gran razón para ver TV con ellos, y mucho mejor si es en un espacio compartido. En síntesis: la forma en la que los niños miran la tele es tanto o más importante que la cantidad de tiempo que pasan frente a ella.

No es indispensable que los adultos vean televisión con sus hijos todo el tiempo: algo así, ciertamente, sería imposible. Pero sí es conveniente que de tanto en tanto puedan compartir esta práctica. No importa que puedan hacerlo dos o tres veces por semana: tal vez con esto pueda ser suficiente para que luego, cuando viendo la televisión solos, esas conversaciones y reflexiones les sirvan como marco de referencia: entonces la guía de los adultos seguirá acompañándolos.

PENSANDO EN LOS PREADOLESCENTES: ¿DÓNDE ACOMODAR LA TV?

Claro que dependerá de la personalidad y la maduración de cada persona, pero también es cierto que a partir de cierta edad -en general, más cercana a la adolescencia- ya se debería poder confiar en que un chico disponga del criterio suficiente como para tener la tele en su cuarto y decidir qué ver, sobre todo en determinados horarios.

Para estas situaciones las arquitectas Giselle Gutman y Mariana Lehrer recomiendan que, cuando se desea incorporar una pantalla de LCD en el dormitorio, lo ideal es contar con un espacio destinado exclusivamente a este artefacto: la pantalla de LCD o la TV, por ejemplo, pueden colocarse en un extremo del escritorio teniendo siempre en cuenta que la superficie de apoyo sea lo suficientemente resistente.

También existen en el mercado diversos soportes de pantalla cuyos modelos varían según el peso y el tamaño en pulgadas de la pantalla que se quiera sostener. Los hay fijos, o con brazos articulados que le permiten un movimiento hacia los costados, y una leve inclinación en dirección vertical, para orientar la pantalla de acuerdo a la posición del observador. “Estos soportes se fijan a la pared mediante tornillos, y casi todos los modelos de pantallas tienen en su parte posterior unos orificios especiales para fijarlos al soporte. También se puede comprar este accesorio en forma separada”, explican.

Para optimizar el espacio es posible diseñar un mueble multimedia, que puede ser rodante y contener la pantalla, la consola de juegos, la computadora y hasta el equipo de DVD. “El mueble puede estar construido con varios materiales: madera laqueada, enchapado de madera, estantes de vidrio y estructura de metal, etc. Hay casas de dormitorios infantiles que los venden listos para llevar, aunque también pueden encargarse a medida”, precisan.

Por último: la altura ideal para fijar la pantalla es a partir de los 90 cm desde el piso. Es necesario, obviamente, que este próxima a un toma corriente de 220 v, y a una boca de conexión de cable de TV.

HABLANDO LA GENTE SE ENTIENDE

M irar la tele con los chicos es sólo un primer paso en la tarea de alfabetizarlos en cuanto a su entorno audiovisual: no se trata sólo de ver juntos, sino de conversar y poner en palabras lo que se miró. Es el diálogo posterior al programa lo que, justamente, da valor al “ver juntos”.

El informe del Ministerio de Educación propone algunas ideas disparadoras para dialogar después de ver televisión:

- ¿Te gustó el programa que acabamos de ver? ¿Por qué?
- ¿Les dirías a tus amigos que lo vean?
- ¿Qué es lo que más te gustó del programa?
- ¿Hay alguna escena que te impactó más?
- ¿Te asustó alguna parte del programa?
- ¿Qué te llamó más la atención?
- ¿Estás de acuerdo con el final que le pusieron?
- ¿Qué otro final le pondrías vos?
- A mí me gustó la escena del principio ¿y a vos?
- A mí me emocionó el final ¿y a vos?

DATOS
Asociación Civil Nueva Mirada | Programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación |

Por: Verónica Ocvirk | Fotos: Santiago Ciuffo.